Desde este lunes volvió a aumentar el boleto de colectivo en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), en una medida que impacta directamente en millones de trabajadores y estudiantes que dependen del transporte público para movilizarse todos los días. La suba alcanza al 7,6% y eleva el boleto mínimo de $650 a $700 en las 104 líneas de jurisdicción nacional que conectan la Ciudad de Buenos Aires con el conurbano bonaerense.
El incremento forma parte de una política de actualización tarifaria impulsada por el Gobierno nacional a través de la Secretaría de Transporte, que ya había aplicado otro aumento en febrero. Con este esquema, el ajuste acumulado en el transporte urbano supera el 40% en pocos meses.
Cómo quedaron las nuevas tarifas
Con la nueva actualización, los valores para las líneas nacionales del AMBA quedaron de la siguiente manera:
- 0 a 3 km: $700
- 3 a 6 km: $779,78
- 6 a 12 km: $839,86
- 12 a 27 km: $899,99
- Más de 27 km: $959,71
En el caso de quienes utilizan una tarjeta SUBE sin registrar, los precios pueden superar los $1.100 por viaje, lo que amplía la brecha entre usuarios registrados y no registrados.
Ajustes que presionan el gasto cotidiano
El aumento afecta especialmente a quienes viven en el conurbano y viajan diariamente hacia la Ciudad de Buenos Aires. Según estimaciones basadas en los nuevos valores, un trabajador que utilice el colectivo dos veces por día puede gastar entre $30.000 y $45.000 por mes solo en transporte, dependiendo de la distancia recorrida.
Además, la suba se enmarca en una política de reducción de subsidios al transporte impulsada por el Gobierno, lo que implica trasladar cada vez más el costo del sistema a los usuarios.
Transporte más caro en un contexto de salarios presionados
El nuevo incremento se suma a una serie de aumentos en tarifas y servicios que vienen golpeando el presupuesto de los hogares. En un escenario de caída del poder adquisitivo, el encarecimiento del transporte público profundiza las dificultades de acceso al trabajo, la educación y la vida cotidiana para amplios sectores de la población.
En una región donde el transporte público es el principal medio de movilidad de millones de personas, cada aumento en el boleto vuelve a tensar más la situación con salarios cada vez más bajos e insuficientes.
Esto confirma, una vez más, que el transporte llamado “público” en realidad no funciona como un servicio para la población, sino como un negocio entre empresas privadas y las políticas de ajuste del gobierno, mientras los usuarios quedan en el medio pagando las consecuencias.
Por eso es necesario avanzar hacia un verdadero sistema público de transporte, estatal y bajo control de sus trabajadores, que garantice un servicio eficiente y tarifas populares al servicio de las necesidades de la población y no de la ganancia empresaria.
