martes, 3 marzo, 2026
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Gabriel Slavinsky: El Gobierno apostará a mostrar que cumple el rumbo, más que a exhibir resultados

JUAN BERNAUS-JULIETA FANTINI

En la antesala de un nuevo discurso presidencial ante la Asamblea Legislativa, el oficialismo llega con tres leyes relevantes aprobadas en el período de extraordinarias: la penal juvenil, la reforma laboral y la vinculada a glaciares. Para el analista político Gabriel Slavinsky, ese paquete normativo le ofrece al Gobierno un insumo central para la narrativa: capacidad de conducción y coherencia con el plan prometido en campaña.

Sin embargo, la dimensión simbólica no alcanza por sí sola. El desafío es doble: sostener la base de apoyo mientras la economía todavía no muestra mejoras contundentes en los ingresos reales. En un contexto de desgaste típico del tercer año de gestión y con la mirada puesta en 2027, Slavinsky advirtió en “Es por acá” (lunes a viernes de 13 a 15 por Punto a Punto Radio 90.7) que el oficialismo buscará consolidar autoridad más que anunciar giros disruptivos.

—El presidente va a estar frente a la Asamblea Legislativa. ¿Qué cree que vamos a escuchar?
—En principio, en un contexto donde aparecen tres leyes importantes luego de la convocatoria a extraordinarias —la ley penal juvenil, la reforma laboral y la de glaciares— y donde el Gobierno ha conseguido mayorías para aprobarlas. Esto implica cuestiones relevantes, no sólo en términos de fondos sino también simbólicas. Quiere decir que el Gobierno puede dar la señal de que tiene capacidad para llevar adelante la receta liberal libertaria que propone.

—¿Esa señal es más simbólica que práctica?
—Es simbólica y política. El mensaje es: “Puedo aplicar los cambios que prometí”. Del otro lado, dirán que se afectan derechos laborales, que no hay un plan integral contra la inseguridad y que la cuestión de glaciares es grave. Hay visiones encontradas y falta de consensos de largo plazo. Pero al Gobierno le sirve para mostrar conducción y autoridad presidencial.

—¿Puede usar eso como eje central del discurso?
—Sí, porque muestra rumbo. Puede decir: “Este es el camino que prometí y lo estoy cumpliendo”. Eso es fuerte en términos de narrativa política.

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—Es cierto que hay victorias legislativas. ¿Pero tiene que dar respuesta sobre la situación económica? ¿Debe llevar esperanza concreta al bolsillo?
—Depende de cuál sea el final del camino. ¿Es que Argentina esté mejor estructuralmente o es 2027? Si el diagnóstico es de largo plazo, habría que construir consensos amplios. Pero como siempre pesa la próxima elección, el Gobierno va a jugar entre dos variables: cuánto cumplió del camino prometido y cuánta expectativa puede generar hacia adelante.

—¿O sea que el cumplimiento puede pesar más que los resultados?
—Exactamente. Mostrar coherencia con el plan puede sostener la confianza, incluso si los resultados todavía no son visibles.

—En términos de números, algunas consultoras muestran apoyo fluctuante. ¿Es desgaste natural?
—Es habitual en un gobierno que lleva casi dos años. Está por cumplir 800 días. Todos los gobiernos padecen el desgaste del año tres. Han confrontado con sectores de poder, con gobernadores, con empresarios. Eso genera desgaste, pero también consolida una base.

—¿Los gobiernos suelen perder en este momento del ciclo?
—Los últimos tres no fueron reelectos: Cristina no podía, Macri no fue y Alberto tampoco. Pero cada contexto es distinto. Hoy no estamos en período electoral, y analizar números sin ese contexto es mezclar peras con manzanas.

—Este Gobierno siempre planteó una lógica binaria: “estás conmigo o contra mí”. ¿Sigue funcionando esa polarización?
—Funciona mientras mantenga una base sólida. Si Milei no baja del 40% puede aspirar a ganar en primera vuelta. El problema es la segunda vuelta: si genera mucho rechazo, la oposición puede ordenarse y superarlo con el 50% más uno.

—¿Cuál es hoy la zanahoria? ¿Inflación controlada? ¿Dólar estable?
—La zanahoria es la expectativa de control. Si la inflación se mantiene en torno al 3% y no baja, será difícil sostener la narrativa de triunfo. Si en 2027 no puede mostrar una baja clara, la discusión cambia. Pero mientras logre instalar la idea de que enfrentó a la casta y mantuvo el rumbo, puede sostener apoyo.

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—¿Y si la economía no mejora en términos de ingresos reales?
—Ahí el desafío es mayor. Porque el cumplimiento simbólico no reemplaza el bolsillo indefinidamente.

—En estos días, ¿Milei está volviendo al Milei original, más confrontativo?
—Va a oscilar según cómo vea el escenario. Eso tiene riesgo, porque puede afectar su identidad. Pero su lógica es más intuitiva que estratégica. Cuando siente que debe confrontar, confronta.

—¿Puede esa oscilación generar incertidumbre en su propia base?
—Puede generar ruido, pero también refuerza la idea de autenticidad. Parte de su capital político es ser él mismo, incluso cuando eso implica exabruptos.

—Entonces, ¿qué deberíamos esperar el domingo a la noche?
—Un discurso de reafirmación del rumbo, de defensa de las reformas aprobadas y de construcción de expectativa hacia 2027. No necesariamente anuncios económicos disruptivos, sino consolidación política.

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