Estamos acostumbrados a pensar en la tercera edad, muchas veces rodeada de problemática económica, como un momento vital donde a muchos les faltan medicamentos. Sin embargo, en ocasiones, el problema puede ser el contrario: que estén “poliomedicados”.
Según le explicó a PERFIL la gerontóloga Carolina Díaz, “la polifarmacia se define como el uso simultáneo de cinco o más medicamentos. Esto es algo muy común entre los mayores debido a la presencia de múltiples enfermedades crónicas y a los tratamientos prolongados”.
La experta, que es también directora médica del Centro Hirsch, aseguró que “según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 40% de los mayores de 65 toma al menos cinco medicamentos cada día. En Argentina esa cifra es aún peor: puede llegar hasta el 60%”.
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Muchas veces esta situación es lógica, ya que con el paso de los años se superponen enfermedades crónicas. “Pero también hay muchos casos en que las personas arrastran la toma de medicamentos que les indicaron en alguna oportunidad, pero luego no volvieron a ser revisados para evaluar si es necesaria su continuidad”. Esto, según la experta, es cada vez más común y acompaña al crecimiento de subespecialidades médicas que en ocasiones se alejan de la mirada “holística” (integral) que necesita la persona mayor cuando concurre a la consulta.
Patologías
Las patologías más habituales que llevan a esta situación son la hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares (como insuficiencia cardíaca o enfermedad coronaria) y las enfermedades respiratorias crónicas. También son muy frecuentes los tratamientos vinculados al manejo del dolor crónico, enfermedades degenerativas como la artrosis, trastornos del sueño o depresión. “Entre todas estas se acumulan los medicamentos y se vuelve necesario un control muy cuidadoso para evitar riesgos”.
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Otro problema de salud que suele identificarse en esta etapa, y al que no siempre se le presta atención, es el de la interacción. “No siempre más medicamentos significan más salud. Por ejemplo, a veces ocurren interacciones peligrosas entre fármacos de uso común (como el ibuprofeno con el enalapril o las estatinas con jugos cítricos) y crece la denominada «cascada de prescripciones», que se da cuando se receta un nuevo medicamento para tratar un efecto adverso de otro, pero sin identificar el problema original”.
Mejor calidad de vida
Para minimizar estas situaciones, la experta recomendó que las personas —y sus familiares- “mantengan un listado actualizado de la medicación, para poder compartirlo con cada médico, incluyendo los llamados productos naturales. Y nunca suspender —pero tampoco incorporar— nuevas drogas sin consultar con un profesional”.
La experta también recomendó que, una vez al año, la persona revise todo su tratamiento con el médico, para decidir si lo que toma es adecuado en cantidad y acorde a sus patologías.
“La acumulación de medicación es un problema que los médicos geriatras vemos en forma cotidiana. En mi consultorio, habitualmente el paciente llega con un listado de varios medicamentos, y al finalizar la consulta, se sorprenden cuando, lejos de “darles” alguna medicación nueva, les indico comenzar a reducir alguna. Incluso suspender otras. El tema es que la falta de coordinación entre los distintos especialistas y la ausencia de revisión periódica dan lugar a estas situaciones de pacientes con un listado extenso de fármacos”.
Así, la consulta periódica permite detectar medicamentos que resultan innecesarios, evitar duplicaciones y reducir interacciones entre fármacos. Todo esto no solo mejora la “adherencia” del paciente al tratamiento, sino que, además, ayuda a cuidar el bolsillo.